martes, 30 de agosto de 2011


(...) Tres meses y veintiún días llevaba esperándole. Desde que el se había ido nada era lo mismo. Los desayunos no eran, como lo solían ser, su momento especial del día; el canto de los pájaros no la hacía sentir tan viva; el sonido de sus pies chapoteando en el agua no renovaban ya sus energías, y su corazón.. este ya no latía.
El llegó un viernes al atardecer. Keana caminaba por el amarillo maizal con su perro. El volumen de su viejo discman estaba tan alto que nada ni nadie podría interrumpir su trance. O eso creía. Su rostro se paralizó completamente cuando unas frías manos taparon sus ojos. Su sonrisa y sus lágrimas asomaron en el mismo instante, reflejando toda la felicidad que en ella podía caber.
-Tom?
No hubo respuesta, solo una caricia que consiguió dejarla muda, y acto seguido, un beso que hizo que su corazón volviera a latir. Era el. (...)

Maca.

3 Comentarios:

Bati dijo...

Decile a Tom que le regale un mp5 a Keana y todos comen perdices.

Muy lindo modo de escribir!

mflorencia dijo...

gracias por el comentario.
te leo mientras se me enfría el café!

La Tua Cantante. dijo...

Como desearía que también volviera alguien a mi